Las relaciones con Chile, la migración irregular y las elecciones, por Manuel Rodríguez Cuadros |
El nuevo gobierno peruano que se elija en la segunda vuelta electoral del 7 de junio, independientemente de su orientación política, tendrá entre sus tareas primordiales definir la orientación y los objetivos de la política externa. Decidir los términos de la inserción del país en un sistema internacional en transición, unipolar, fragmentado, con tendencias a la bipolaridad económica.
Si se adoptan esas decisiones en función del interés nacional –al margen de la presión ideológica o el prejuicio político–, es de esperar que en cualquier escenario la diplomacia peruana discurra por el camino de una política exterior de Estado. Su objetivo mayor debiera ser el ejercicio de una diplomacia autónoma, independiente, democrática, que represente los intereses de la sociedad y el Estado. Que traduzca en lo político-diplomático el margen amplio de independencia y diversificación que posee la inserción económica del país en el proceso global. Aunque parezca tautológico afirmar una diplomacia peruana, es decir que responda a nuestros intereses, no a los ajenos.
En el ámbito limítrofe, esta determinación debería traducirse en el establecimiento de asociaciones preferenciales con Brasil, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador. En cada situación con los pesos y medidas de las afinidades y el rango de intereses complementarios.
En el caso de Chile, en particular, la asociación preferencial tiene una base objetiva. Después del fallo de la Corte Internacional de Justicia se crearon las condiciones históricas y subjetivas para que, por primera vez, en la relación bilateral la dinámica de la cooperación se torne hegemónica en relación a la de la diferenciación o el conflicto, que de alguna manera había predominado desde 1883. Las relaciones transitan por ese derrotero.
Las bases objetivas de esa relación están dadas por variables estructurales de naturaleza económica y social, es decir desde la perspectiva........