Gobernar es escoger perdedores, por Mónica Muñoz-Nájar |
Imagine que sale del supermercado con la cuenta más alta que recuerda haber pagado en años, pero al revisar las bolsas encuentra apenas un par de productos. O que llega la cuenta del restaurante y el monto es desproporcionado para los pocos platos que efectivamente comió. Algo parecido nos pasa como país. En el Perú gastamos cada vez más y recibimos cada vez menos a cambio.
En la última década, el gasto público creció de manera sostenida. Entre 2015 y 2025, las planillas estatales se expandieron 155% en términos reales, mientras la inversión pública en infraestructura, saneamiento y conectividad lo hizo en 113%. Y, sin embargo, la pobreza monetaria cerró 2025 en 25.7%, cinco puntos por encima del nivel prepandemia; la anemia infantil en menores de tres años se mantiene en 43.4% y los aprendizajes escolares siguen sin recuperar el terreno perdido. Algo no cuadra entre lo que pagamos y lo que recibimos.
La explicación más común es que falta plata o que falta gestión. Las dos son ciertas en parte. Pero hay un problema adicional que rara vez se enuncia con todas sus letras: en el Perú no hay una idea clara de qué país queremos construir, ni voluntad política para sostener esa idea frente a los intereses organizados que se resisten a ella. Sin esa brújula, las decisiones de política pública no responden a un plan, sino a quién está empujando en cada momento. Y los que empujan rara vez coinciden con quienes más necesitan que algo cambie.
Aquí cabe explicar el título, que puede sonar provocador. Gobernar es escoger perdedores porque toda decisión de política pública........