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El arte de vivir con bordes

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10.02.2026

Una de las tareas más difíciles de la crianza es enseñar límites. Y, sin embargo, es una de las más amorosas. Un niño sin límites no es más libre: es más vulnerable. Carece de señales para orientarse, no aprende a medir riesgos, no desarrolla autocontrol. Pero, además, aprende algo más grave: que su conducta no tiene consecuencias para los demás. Y allí comienza la fractura del bien común. La ausencia de límites no solo produce desamparo individual; erosiona la idea misma de convivencia.

Lo mismo ocurre con los adultos y con las sociedades. Toda vida humana necesita bordes. No para asfixiarla, sino para hacerla habitable. Los límites son una forma de sabiduría acumulada: indican hasta dónde se puede avanzar sin romper el tejido........

© La República