El arte de vivir con bordes
Una de las tareas más difíciles de la crianza es enseñar límites. Y, sin embargo, es una de las más amorosas. Un niño sin límites no es más libre: es más vulnerable. Carece de señales para orientarse, no aprende a medir riesgos, no desarrolla autocontrol. Pero, además, aprende algo más grave: que su conducta no tiene consecuencias para los demás. Y allí comienza la fractura del bien común. La ausencia de límites no solo produce desamparo individual; erosiona la idea misma de convivencia.
Lo mismo ocurre con los adultos y con las sociedades. Toda vida humana necesita bordes. No para asfixiarla, sino para hacerla habitable. Los límites son una forma de sabiduría acumulada: indican hasta dónde se puede avanzar sin romper el tejido........
