El país que elegimos ser |
Cada elección presidencial parece obligarnos a escoger entre dos visiones de país. Durante meses discutimos candidatos, propuestas, encuestas y alianzas, convencidos de que el futuro de Colombia depende exclusivamente de quién ocupe la Casa de Nariño. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que la verdadera elección no ocurre el día de las votaciones. Ocurre mucho antes, en la forma en que decidimos relacionarnos con quienes piensan diferente.
Lo que más me preocupa del panorama electoral no son los nombres propios ni lo que representan. Me preocupa la facilidad con la que seguimos convirtiendo las diferencias en enemistades. La rapidez con la que etiquetamos al otro, la necesidad permanente de dividir la realidad entre buenos y malos, inteligentes e ignorantes, salvadores y amenazas. Como si la complejidad de un país pudiera reducirse a dos bandos enfrentados que se disputan el monopolio de la verdad.
Los extremos suelen presentarse como opuestos irreconciliables, pero muchas veces son expresiones distintas de un mismo fenómeno. Ambos encuentran fuerza en........