La IA anda, pero no anda sola

Como funcionaria judicial, conocí de cerca el gran reto que enfrentan los juzgados, tribunales y altas cortes para revisar y sistematizar oportunamente millones de documentos con contenidos fácticos y normativos (expedientes, informes, mapas, bases de datos). En 2018, precisamente en la búsqueda de herramientas que hicieran más eficiente ese trabajo, la corte para la cual trabajaba me encargó tomar un curso sobre big data y analítica de datos. Allí nos hablaron del machine learning como la gran promesa. Hoy, esa tecnología es la base de la inteligencia artificial (IA) generativa; la misma que usamos cada vez que consultamos a ChatGPT, Gemini o Notebook.

El sector justicia lidera el uso de IA en el Estado colombiano con 54 sistemas, tanto más meritorio cuanto Colombia es uno de los países latinoamericanos con mayor proporción (25%) de adopción en el sector público (Sistemas de Algoritmos Públicos, Universidad de los Andes, 2026). La aplicación de esta herramienta en actividades de tan alto valor genera preocupaciones pertinentes que, en todo caso, no pueden justificar su descarte. Claro que vale la pena apoyarse en IA para la prestación del servicio de justicia; pero, eso sí, tomando las precauciones que su naturaleza exige.

En sano juicio, para preservar la garantía del juez natural y el debido proceso (Sentencia T-323 de 2024), la Corte Constitucional determinó que la IA no puede sustituir el razonamiento de los jueces -es decir, la valoración de pruebas, construcción de argumentos y toma de las decisiones sobre casos concretos-. Sin embargo, esta tecnología sí puede optimizar el desarrollo de actividades de gestión asociadas al servicio judicial.

Este es el caso de los instrumentos cuya construcción lideramos desde Econometría SAS, para atenuar las dificultades que enfrentan entidades del sector justicia en el manejo de grandes volúmenes de información. Principalmente, utilizamos sistemas de inteligencia artificial basados en técnicas de........

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