Alcemos la mirada, por Martín Fariña von Buchwald |
Hace pocos días, el doctor Natale Amprimo Plá publicó la columna 'Algo raro se está cocinando', donde critica —con razones atendibles— una propuesta normativa sobre el registro de centros de arbitraje y menciona, entre los centros que prestigian el sistema, el de Arequipa junto a los de Lima. Leyéndolo, uno queda con la impresión de que, salvo por la torpeza del legislador, todo está bien: el arbitraje funciona, los centros son serios, el sistema se cuida solo.
Pero alcemos la mirada. Cuando uno deja de mirar el expediente y mira Arequipa, Puno y Cusco desde la calle —no desde la mesa de partes—, la impresión es la contraria: hace falta una reforma profunda e integral de cómo se gestiona, con modernidad, la justicia en el sur andino, empezando por el arbitraje y sin invisibilizar a la gente.
Conviene recordar, además, que el doctor Amprimo no es un observador externo: él mismo declara integrar el consejo superior del Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Lima. Su opinión es legítima, pero es la de un partícipe del ecosistema que vive de él, no la de un evaluador independiente. La pregunta de fondo no es si la justicia funciona para quienes la administran, sino si funciona para los arequipeños, cusqueños y puneños a quienes hemos invisibilizado.
La justicia bajo amenaza
Mientras Lima debate quién puede registrar un centro de arbitraje, en la periferia los operadores de justicia trabajan con miedo. Fiscales y jueces que investigan la minería ilegal reciben amenazas de muerte; tras los atentados contra sedes del Ministerio Público, muchos despachan a distancia o bajo resguardo: llegar a su propio despacho se volvió un riesgo. Y las fiscalías ambientales llevan años sin presupuesto para perseguir el delito.
A los periodistas les va peor: en 2025 fueron asesinados cuatro en el Perú y se registraron centenares de ataques contra la prensa, el peor año para el periodismo desde los noventa. Que la prensa denuncie las injusticias sin miedo no es un lujo: es parte integral de la justicia en una sociedad. Donde se asesina a los centinelas de la verdad, la impunidad deja de ser un accidente y se convierte en sistema.
Las preguntas incómodas
Alzar la mirada obliga a preguntas que el ecosistema legal prefiere no formular. ¿Por qué un abogado que defiende a mineros ilegales gana varias veces lo que ganan el fiscal que los investiga, el juez que los juzga y el periodista que los denuncia? ¿Cómo se explica que un árbitro en Lima, con corbata y aire acondicionado, cobre mucho más que el fiscal amenazado de muerte en Arequipa o Puno por hacer su trabajo? Cuando defender la ilegalidad paga más que perseguirla, el sistema dice........