El disfraz del estatismo

El debate público actual padece una alarmante superficialidad. Todos los días, diversos políticos utilizan la palabra “fascismo” con tanta ligereza que la han convertido en un epíteto vacío, ignorando por completo su verdadera naturaleza ontológica. Desde la izquierda radical hasta la izquierda supuestamente moderada, han decidido tildar, sin mayor vergüenza, de “fascista” a todo aquel que defienda el capitalismo, el Estado de derecho y la democracia liberal; es decir, a todo el que defienda la libertad.

Bien vale la pena darles una clase básica de historia de las ideas y de economía política: el fascismo y el socialismo no son polos opuestos, sino hermanos carnales que compiten por el control del mismo aparato coercitivo estatal. Son dos caras de una misma moneda. Tanto el fascista como el socialista comparten un desprecio visceral por el........

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