Asimetrías de la sociedad audiovisual, por César Azabache

Que una joven mujer, Lizeth Marzano, haya muerto atropellada por un auto mientras corría por una calle representa una escena desgarradora. Que el autor del crimen haya huido sin siquiera intentar atenderla y que su entorno se organice rápidamente intentando crear muros de protección a su alrededor resulta injustificable. Que toda la tensión que generan las imágenes que registran estos hechos desemboque en un debate sobre el uso de la prisión como respuesta inmediata al hecho resulta, en estas coordenadas, más que comprensible.

Esperar hasta que se pueda organizar un juicio para castigar al autor de un delito registrado en video de manera segura no es ya una idea fácil de defender. Nuestros procedimientos judiciales y nuestro lenguaje legal aún no están preparados para asimilar todo lo que representa la sociedad audiovisual como contexto de vida práctica. El sistema legal se ha quedado anclado en la flagrancia, la intervención de la autoridad en el momento del hecho, como única ruta para abreviar el procedimiento judicial. Pero el registro audiovisual, cuando se produce en fuentes seguras, está llamado a ocupar un lugar semejante, si no idéntico, al de la antigua flagrancia en la sociedad de nuestros días. En la actualidad no percibimos las cosas sólo cuando ocurren. Podemos perennizar un evento en fuentes que, en determinadas condiciones pueden ser usadas por las autoridades como pruebas constituidas al momento del hecho. Esta posibilidad representa un cambio tecnológico que es suficiente para mover al estante de recuerdos cientos de tratados........

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