Tocar a rebato |
El sargento se repantigó en la mejorable butaca roja y gualda, de cuero viejo. Pasó el humedecido dedo sobre su enorme mostacho, carraspeó, y hasta escupió un minúsculo trozo de tortilla que entre los dientes le molestaba un poco. Los escuchó abriendo mucho los ojos. Su aspecto fue pasando de un tipo con apariencia cordial, a otro ya muy preocupado. Juró… que reforzaría la vigilancia del pueblo.
Por aquellos poblados comenzó a correr el miedo. A la caída de la tarde se despertaba el recelo. El agua que caía impertinente sobre las ventanas o el viento que ululaba creaban aquel clima sofocante, aquel ambiente en el que cualquier cosa dejaba de ser lo que era para convertirse en un espectro. Ellos sabían que no existían, pero la realidad es que aquella atmósfera se iba condensando y era como si los espíritus de la noche se fuesen a hacer, en........