Cinco poemas para el sosiego
Dios golpea con los nudillos el cristal de mi ventana. Llueve.
Me visita cuando ya se arruga este invierno, en esta tarde fría, en esta casa fría, en esta fría melancolía en la que me acurruco.
En mi mismidad, te espero, Señor, caído estoy de bruces, sobre el asfalto oscuro, pero tú entras y me alargas tu mano herida, tu mano suave y esdrújula.
Tintinean los cristales cuando tú me llamas y me aúpas desde el llanto de las hurracas hasta tu corazón de felpa cálida.
Tintineas en mi cristal, Señor…Tintineas.
Hoy, Tú y yo, codo a codo caminamos, esquivando las piedras puntiagudas, las nubes de tormenta, las negruras, el polvo del camino y los guijarros.
El aire nos golpea impertinente en este mes plomizo, desabrido, demacrado. Y lejos de sentirte irritado, te dibuja el cabello por la frente.
Aún oigo los martillos golpear, tus........
