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Amor platónico

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05.07.2026

Eran las fiestas del pueblo. La procesión del santo, partiendo de la iglesia se iba extendiendo, como un riachuelo a través de las calles, de las callejas, de los lugares inhóspitos, del callejón entre las huertas. El coro se esforzaba y cantaba una canción mariana. El pueblo no se la sabía y musitaba palabras inconexas o extrañas.

Mis amigos y yo observábamos aquellas rotundas mujeres que luego, pasado el tiempo, he visto pintadas por Botero. También a aquellas amigas nuestras que ese día lucían, en tal caso, un lazo de seda de color naranja para rematar aquellas trenzas. Los hombres mayores avanzaban apoyados en sus cachabas, los más jóvenes se quedaban a la puerta de la cantina poniendo caras. Y nosotros acompañábamos al campanero y subíamos a la torre desde donde el pueblo de mis abuelos era una mancha grande y verde llena de puntitos blancos, que eran las casas. El humo de las cocinas........

© La Región