Las manos en la masa |
Estas últimas semanas he vuelto, de madrugada y a escondidas del sueño, a construir algo con mis propias manos. Un proyecto pequeño, sin más ambición que la de existir, que hago por gusto y no por obligación. Y he redescubierto una sensación que tenía medio olvidada: la de equivocarme muchas veces seguidas en algo que no domino, borrar, empezar otra vez y, de pronto, entender. No sabría explicar bien por qué me hace tan feliz. Solo sé que llevaba tiempo sin sentirlo.
Lo cuento porque creo que le pasa a mucha gente y casi nadie lo dice. A medida que uno asciende en cualquier oficio, va dejando de hacer para dedicarse a decidir. Es ley de vida y en buena parte es sano: para eso se sube, para tener una visión más amplia, para ordenar el bosque en lugar de mirar cada árbol. Pero en ese viaje se pierde algo silencioso y valioso. Se pierde el contacto con la materia. Se pierde el olor del trabajo de verdad, ese que solo se huele con las manos dentro.
He conocido a muchos directivos, y me incluyo, que llevan años........