Café, sables y ajos de chinchón

Se ha ido quizás el último periodista de raza. Le conocí en mis largos años de Madrid. Allá en los 70, yo era una especie de discípulo del poeta oral Carlos Oroza. Raúl lo admiraba y muchas noches, sobre todo en el café, hablábamos sobre el mundo. Un día sucedió algo extraño y desde entonces no volvieron a hablarse. Te juro, vi a Raúl huir cada vez que se encontraba con él. Cierto es que el periodista manchego y yo aprendimos a escribir con ritmo, ese ritmo salvaje de los poemas de Carlos. Aquel jodido poema, “Malú”, que tanto nos fascinó.

Eran sus años en el periódico Pueblo, que dirigía Emilio Romero. Años en el Café Gijón, donde él mantenía tertulia. Años en que los gallegos “sin dinero” íbamos a la mesa de Laxeiro que, generoso como un dios, siempre invitaba a una taza de café y un cruasán. Ay, aquel Laxeiro tan desesperadamente de........

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