Zapatero y Sánchez reabren lo que ya estaba superado |
Hoy más que nunca siguen resonando poderosas las palabras del comunista Marcelino Camacho defendiendo el proyecto de Ley de Amnistía de 1977, desde la autoridad moral de su propia trayectoria como soldado republicano y haber pasado gran parte de su vida en prisión durante el franquismo. Camacho empleó repetidamente el término “reconciliación” para cerrar definitivamente la guerra civil y el odio entre españoles. Y aquella Ley fue un instrumento definitivo para hacer posible la Transición. Pero llegó Zapatero y se propuso reabrirlo. De él dijo uno de sus profesores que no le constaba que hubiera leído otro libro que los apuntes de clase. Quizá por ello reformuló el concepto de nación como algo discutible y asintió en convertir España en un estado asimétrico donde, según su vecindad civil, los ciudadanos tuvieran deberes y derechos distintos, y ya puestos, reabrió el debate que Camacho cerrara, y promovió la “Ley de Memoria Histórica”, que un prestigioso hispanista, como Stanley Payne definió como una ley sesgada, parcial y sectaria, valoración que también dedicaría a la posterior “Ley de Memoria Democrática” de Sánchez.
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