Las puertas-rejas del edificio de la Seguridad Social |
Los edificios son como las personas. Tienen un cuerpo, un vestido y también un gesto. De una casa recordamos su peso espiritual, tal vez su mal rollo o, quizá, su sonrisa. Los edificios sonríen. Sonríen hacia afuera y también hacia adentro. Sonríen al transeúnte indocumentado, al caminante despistado, al del patín eléctrico que va por la acera impunemente. Las casas nos miran y nos hacen carantoñas y sería una tristeza perderse sus muecas si vamos mirando al telefonito, o al suelo. Es importante mirar a las fachadas como miramos al resto de vecinos con los que vamos envejeciendo y gastándonos coralmente en esta cosa de la vida.
Pasar por delante de un edificio manda señales inequívocas a los intestinos, que son los verdaderos jefes de las emociones. Un aguafiestas diría que en Auria, acostumbrada a derruir y enfear lo bello, la señal dominante es casi siempre la náusea, pero hay que........