Adoquines bajo el asfalto de avenida de la Habana

Debajo de la vida de superficie está la vida verdadera. Una herida abierta en el asfalto enseña el adoquín de adentro como un descosido irremediable, como un tropezón de tiempo, como aquellos calcetines. La calle enseña el hueso. Aquí está, el suelo que pisaron otros cuando Auria era todavía un vividero honesto, antes de la conjura generalizada de sus habitantes y pequeños habitantes-dirigentes para echar abajo los edificios más hermosos, invitar al coche y al ruido como ciudadanos de primer orden y talar cada árbol y cada hierba hasta parir esta ciudad fuera de todo tiempo y todo destino. Auria va hacia ninguna parte. Los únicos que conocen su destino son sus tres ríos vecinos, que saben bien a dónde van y siguen yendo, aunque los trunquen con presas de hormigón, embalsen sus quebradas, los atraviesen de puentes incultos y envenenen sus aguas. Ellos sí saben cuál es su destino.

Es un pasaporte a otro mundo que nos habla de cuando las........

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