Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores

Francisco Petrarca

La traición es atractiva y repugnante al mismo tiempo; nos atraen sus maniobras, pero nos repelen sus acciones; nadie quiere ser traicionado y, tampoco, ser traidor. Paradójicamente, traicionar es un verbo que se conjuga con más frecuencia de lo que sospechamos.

Cada día y todos los días, las personas cometemos microtraiciones, autotraiciones y traiciones duras y puras. Sobre éstas últimas, Julio César dijo que “amaba la traición, pero odiaba a los traidores”.

Dante reservó el último círculo del infierno a los traidores, pues considera a la traición como el peor pecado de todos. La razón es que, a diferencia de otro tipo de faltas, para traicionar primero hay que ganarse la confianza y el afecto de la víctima para, después, usarlo en su contra.

Entre los traidores famosos de la historia destacan: Judas —que vendió al hijo de Dios, según el cristianismo—; Bruto conspiró en contra de Julio César, quien terminó apuñalado por más de sesenta senadores; o Ezra Pound, el escritor estadounidense que apoyó a Hitler y a Mussolini traicionando a su país.

Ayer por la tarde, Nicolás Maduro entregó a la justicia a uno de los suyos; por inverosímil que suene Tareck El Aissami, exministro de Petróleo de Venezuela, fue detenido por acusaciones de corrupción. El otrora omnipotente, mano derecha, el segundo hombre más poderoso de Venezuela, será presentado ante la justicia acusado de “traición a la patria, apropiación o distracción de patrimonio público, alardeamiento o valimiento de relaciones o influencias, legitimación de capitales, por eludir los controles administrativos para la venta de petróleo, coque y fuel de las compañías estatales venezolanas, ocultando sus tratos mediante operaciones con criptodivisas causando un daño patrimonial incalculable de millones de dólares a las arcas venezolanas y haber perpetrado “terrorismo económico” contra Venezuela.

Tareck El Aissami fue el hombre de confianza del presidente Nicolás Maduro y también de su antecesor, Hugo Chávez. Fue una pieza clave del chavismo y del engranaje que permitió la continuidad de Maduro. Fungió como vicepresidente de Maduro y no dudó en llamar “asesino” a Henrique Capriles y tachar de “derecha terrorista y criminal” a los opositores.

Sin embargo, hubo un giro en las cuerdas de las lealtades de estos dos venezolanos. El Aissami dimitió en marzo de 2023 por el anuncio del inicio de las investigaciones judiciales relacionadas con la venta de crudo a través de criptoactivos. Tras un año fuera del radar político, ayer fue detenido.

En este caso, es difícil saber quién es Judas y quién es Cristo; o quién es Bruto y quién es Julio César. Pero la inestabilidad, los señalamientos y la posibilidad del cambio hacen que llegue la hora de las traiciones. Como dijo Shakespeare, “hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos”. Eso fue lo que pasó entre Maduro y El Aissami.

QOSHE - La hora de las traiciones: Tareck El Aissami - Valeria López Vela
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La hora de las traiciones: Tareck El Aissami

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10.04.2024

Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores

Francisco Petrarca

La traición es atractiva y repugnante al mismo tiempo; nos atraen sus maniobras, pero nos repelen sus acciones; nadie quiere ser traicionado y, tampoco, ser traidor. Paradójicamente, traicionar es un verbo que se conjuga con más frecuencia de lo que sospechamos.

Cada día y todos los días, las personas cometemos microtraiciones, autotraiciones y traiciones duras y puras. Sobre éstas últimas, Julio César dijo que “amaba la traición, pero odiaba a los traidores”.

Dante reservó el último círculo del infierno a los traidores, pues considera a la traición como el peor pecado de todos. La razón es que, a diferencia de otro tipo de........

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