El mal no piensa ¿y tú?
Los debates terminaron. Las promesas flotaron como globos de helio —vistosas, ligeras, destinadas a desinflarse— y el Perú vuelve a enfrentarse a la pregunta que ningún candidato respondió: ¿para qué sirve el poder si no se sabe pensar?
Hannah Arendt no escribió sobre el Perú, pero pudo haberlo hecho. En su análisis del juicio a Adolf Eichmann acuñó una de las frases más incómodas del siglo XX: la banalidad del mal. Su hallazgo no fue que el daño político lo causan monstruos conscientes de su maldad, sino algo más perturbador: personas ordinarias que simplemente no piensan. Funcionarios que ejecutan, obedecen y administran el desastre sin que ninguna conciencia los frene, porque la conciencia requiere pensamiento, y pensar requiere valentía. Miremos........
