Posgrado e investigación en el sistema universitario
La universidad, especialmente la pública y autónoma, se sostiene históricamente sobre tres funciones esenciales: la formación profesional, la investigación científica y la interacción social. Estas no deben entenderse como tareas aisladas, sino como un sistema holístico y complementario que permite a la institución cumplir su misión fundamental de contribuir al desarrollo integral del país respondiendo a las necesidades de la sociedad.
Sin embargo, a lo largo de la historia de la educación superior se han presentado asimetrías en el desarrollo de estas funciones. En el sistema universitario boliviano, esta diferenciación es evidente. Hay universidades cuya identidad se ha consolidado en torno a la docencia, mientras que en otras la producción científica se constituye en su principal rasgo distintivo. Este fenómeno no solo ocurre a nivel institucional, sino que también en algunos espacios universitarios se reproduce al interior de facultades y carreras, profundizando, en algunos casos, los desequilibrios en el quehacer universitario.
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En los últimos años, esta fragmentación se ha intensificado, configurando una tendencia caracterizada por la separación entre el posgrado y la investigación, junto con el progresivo distanciamiento de la interacción social. Si bien es necesario fortalecer la formación especializada, esta expansión no guarda correspondencia con el desarrollo de la investigación científica en términos de producción y difusión de los impactos y aportes al conocimiento.
Como lo demuestran muchas experiencias universitarias, el posgrado debería ser el espacio fundamental donde se complementen la especialización profesional y la producción de conocimiento. No se trata solo de formar especialistas, sino investigadores capaces de comprender y transformar la realidad. Sin embargo, en otros casos ha sido impulsado como un espacio relativamente autónomo, guiado más por criterios de rentabilidad que por una integración académica. Esta tendencia responde, en parte, a la necesidad de generar ingresos en contextos de restricciones financieras, pero también refleja la relativa influencia de una lógica de mercado en la educación superior, denominada “capitalismo académico”.
El problema no es el crecimiento del posgrado, sino su desvinculación de la investigación. Cuando ambos se separan, la universidad pierde su capacidad de formar profesionales que, además de estar altamente calificados, produzcan conocimiento relevante para la sociedad. Esta desconexión debilita tanto la calidad académica como el impacto social de la educación superior.
Las universidades públicas y autónomas, en especial la UMSA, cuentan con una tradición centenaria de investigación que constituye un patrimonio académico invaluable. Sus institutos y carreras han acumulado experiencia, formado generaciones de investigadores y aportado de manera sostenida a la comprensión de la realidad nacional, con reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional. Desaprovechar esta base para impulsar programas de posgrado desvinculados de los institutos de investigación no solo resulta incongruente, sino que constituye un error institucional; por ello, es fundamental que las carreras que actualmente diseñan sus programas posgraduales no reproduzcan estas distorsiones. En este contexto, instancias especializadas como el Departamento de Investigación y Posgrado de la UMSA se constituyen en actores clave para orientar estos procesos, tal como lo han venido haciendo.
Convertir la articulación entre posgrado e investigación en una práctica habitual, y no en una excepción, es fundamental para fortalecer el sistema universitario boliviano. La investigación no debe asumirse como un complemento, sino como el eje que posibilita la generación de conocimiento científico, la transformación de la realidad, el desarrollo tecnológico y la construcción de soluciones concretas a las problemáticas del Estado Plurinacional de Bolivia.
(*) Roberto Aguilar Gómez es docente investigador de la UMSA y exministro de Educación.
