Sáhara Marroquí: la verdad frente a la ideología
El excanciller Óscar Maúrtua pretende defender a la fantasmagórica República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como si fuera un Estado legítimo. No lo es. No figura en la ONU ni como miembro ni como observador, y su reconocimiento internacional es marginal y controvertido. Es, en realidad, un apéndice de Argelia, sostenido por el caudillaje terrorista del Frente Polisario, que mantiene secuestrado al pueblo saharaui marroquí en los campamentos de Tinduf.
Maúrtua escribe en un diario local desde la comodidad de una hamaca limeña, una lectura tan parcial de una controversia que exige, precisamente, realismo, conocimiento histórico y atención a la evolución de la posición de las Naciones Unidas. Y lo hace sin haber pisado jamás el terreno.
Yo sí estuve allí. Vi con mis propios ojos el infierno de Tinduf, la cárcel más grande del mundo a cielo abierto: represión policial, ausencia de libertades, condiciones inhumanas y un pueblo sin futuro. Allí se habla de 95 mil refugiados, pero en realidad no pasan de 40 mil.
La ausencia de un censo transparente, bloqueado por Argelia y el Polisario, impide que los saharauis marroquíes puedan decidir libremente si permanecer en Argelia, regresar a Marruecos o buscar un tercer país. Jurídicamente, ni siquiera son refugiados, porque para obtener ese estatus deberían responder preguntas esenciales sobre su voluntad de retorno o reasentamiento. La negativa a realizar ese registro no es casual: permite inflar las cifras, presentar 95 mil personas cuando en realidad no pasan de 40 mil, y así captar más ayuda humanitaria, cuyo excedente termina desviado (léase vendido).
En contraste, en Dajla ví la libertad: ciudadanos saharauis que trabajan, estudian y votan en elecciones........
