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Camilo Torres: de Lovaina a Bucaramanga

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Por estos mismos días, en que se cumplen sesenta años de la muerte del sacerdote y guerrillero colombiano Camilo Torres Restrepo, fueron hallados los restos del revolucionario en un panteón militar de Bucaramanga. Luego del hallazgo, la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos entregó los restos al padre jesuita Jesús Giraldo, quien ofició una misa en honor a Torres en la capilla de la Universidad Nacional de Colombia.

Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá, en febrero de 1929, en una familia de médicos y profesionales. En 1954, a sus 25 años, se ordenó sacerdote en el Seminario Conciliar de Bogotá y, como tantos jóvenes católicos de su generación, se fue a Lovaina a realizar estudios universitarios en la importante universidad católica de esa ciudad belga.

Torres estudió en Lovaina entre 1954 y 1958, cuando se graduó con una tesis sociológica, titulada Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá (1958). Eran aquellos los años previos al Concilio Vaticano II, que el papa Juan XXIII anunciaría, justamente, en enero de 1959, coincidiendo con la entrada de la guerrilla triunfante de Fidel Castro en La Habana.

Marx y el daño irreparable

La llamada “escuadra belga” de la Universidad de Lovaina, encabezada por el teólogo Gérard Philips, fue fundamental en los debates del Concilio Vaticano II. Otros teólogos, como los alemanes Karl Rahner o el francés Yves Congar, fueron más protagónicos en aquella reinvención de la doctrina social de la Iglesia. Pero el papel de Philips y otros maestros de Torres en Lovaina, en la concepción de la Lumen Gentium, que adoptaría Pablo VI en 1964, fue decisivo para cerrar los trabajos conciliares.

La noción de “pueblo de Dios” sería central en aquella doctrina, al igual que formulaciones como la de la “dignidad de la persona humana”. Torres regresó a Bogotá con ese lenguaje profundamente adherido a su lectura crítica de la pobreza, la desigualdad y la marginación en la ciudad y el campo colombianos. Su colaboración con Orlando Fals Borda, importante sociólogo y agrarista, en la Universidad Nacional, a principios de los 60, acabaría de perfilar su formación teórica.

Cuando el padre Camilo Torres decide unirse, primero, al Frente Unido del Pueblo en 1964 y luego a la guerrilla marxista-leninista del Ejército de Liberación Nacional (ELN), en 1965, lo hace sin renunciar a su visión socialcristiana del subdesarrollo latinoamericano. En sus textos para el semanario Frente Unido citaba a San Pablo, San Mateo y Santo Tomás y sostenía que el verdadero cristiano no podía conformarse con la caridad de las minorías y debía devolver los bienes a las mayorías.

Esas mayorías, el pueblo de Dios, debían ser dotadas de derechos sociales con toda la urgencia de las revoluciones, si no se quería que la relegación social de los pobres hiciera inviables a las naciones latinoamericanas. Hoy los métodos han cambiado radicalmente y la democracia es irrenunciable, pero la vigencia de aquellas ideas no deja de asombrar.

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