Reformas a la orilla

Si algo distingue al actual Gobierno frente al anterior es una flexibilidad que a veces parece deliberada y otras, obligada.

Eso podría leerse como virtud democrática: escuchar y corregir. Pero también que el poder ya no alcanza para imponerlo todo.

Durante años, la transformación impulsada por Morena consistió en una avalancha de reformas aprobadas al ritmo de la distancia entre Palacio Nacional y el Congreso. Hubo excepciones: reformas electorales que sus aliados frenaron, resistencia magisterial frente al ISSSTE y límites antinepotismo.

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Poder decir que “no” es democrático. Pero en el contexto de Morena también exhibe una delgadez de poder. El Gobierno intenta presentarlo como pluralidad y democracia; sus adversarios lo leen como debilidad; sus aliados lo usan como margen de negociación. En medio queda una administración que quiere ordenar el país, atraer inversión y construir desarrollo, pero depende de una cúpula más preocupada por conservar el poder que por corregir sus distorsiones.

Ésa es la paradoja central. A México no parece gobernarlo solamente la izquierda desarrollista, la que habla de Estado innovador, inversión estratégica, digitalización y........

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