Tejero y Torrente |
Es buen momento para que regresen las banderas con aguilucho, aunque ya no tengan dueños y ondeen gracias a la fuerza de un viento vacilón. Desclasificar los papeles del 23-F no es como exhumar a Franco, aquella heroicidad que nos hizo tan buenas personas. Yo mismo, de hecho, no me reconozco desde entonces, salgo a la calle y no necesito perfume. Si bien algo hay de nostalgia franquista, que nunca está de más desenterrar de la cuneta de nuestras desdichas. Está bien que, cuarenta y cinco años después, conozcamos lo que quedó en secreto (bueno, una parte), lo malo es que del total del misterio se conozca solo una parte. Sería como ver un porno histórico solo a cachos, con lo que eso conlleva de subidones, bajones y frustraciones.
A estas horas ya conocerán ustedes algún jugoso titular que subrayarán en los informativos de Televisión Española al estilo de Gloria Serra, de la que soy rendido admirador, un esclavo, un amigo, un siervo. A estas horas ya sabremos si la intención de Pedro Sánchez era hacernos partícipes del momento más delicado de nuestra historia reciente, junto al procès (Tejero malo; Junqueras, bueno, sin embargo, lo que es la vida), o se trataba de un juego malabar para dejar en mal lugar el exiliado de Abu Dabi. Digan lo que digan, no es justo que al Rey Juan Carlos, con todos sus defectos, no paren de sacarle memes, como si fuera un invitado a una película de Torrente, no sé, Kiko Rivera recuperado, o eso dice, de tanta farlopa.
Santiago Segura tiene a punto su «Torrente presidente». La canción de la película la firma Willy Bárcenas, Taburete, o sea. Veremos muchas cosas no previstas, pero intuidas, antes de que Torrente llegue a los cines, como a mitad de marzo. Lo que no sabemos es si el sentido del humor del común ha sido secuestrado por el GranHermano. A lo que iba, a mí el Rey viejo me gusta, a pesar de todo, más aún cuando no lo soporta ni la ultraizquierda ni la ultraderecha. Es punki ser de su pandi.