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El papelón de los Goya: quien no proteste no sale en la foto

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01.03.2026

Todavía no ha empezado la gala de los Goya y ya hay un aire belicoso más allá de las bombas que caen sobre Teherán y esa ceniza viva que despierta a los muertos. Diríase que los platós se han convertido en trincheras. Actores, directores y técnicos, algunos moderadamente cultos, y otros con menos lecturas que María Pombo, tienen un discurso y una opinión formadísima, por lo que se ve, en relaciones internacionales, o al menos nadie les advierte cuando hacen el ridículo, por lo que colijo que mientras el eslogan sea bueno no importa la geografía.

Se trata de una representación, guiones a los que ayer fueron a revisar Trump y Netanyahu, tal vez las personas más odiadas de esta industria del entretenimiento o del aburrimiento, según se mire. Hasta el más bromista de los actores resulta antipático cuando se lanza a la aventura de la barricada, y total para qué, pues porque salir en pelota ideológica lo exige esta película anual en la que hay que retratarse ante toda la profesión como el brazo incorrupto de Javier Bardem, de la misma manera que Nadiuska debía mostrar sus tetas.

Susan Sarandon se quejó de que algunos actores (en Hollywood) podían ser olvidados por ciertos productores debido a sus opiniones políticas. Tal vez nadie le haya explicado que aquí solo participan del casting los que comulgan con el ideario pijirogre. Sé, porque lo he visto de cerca, que las agencias de estos actores tan libres e ilustrados ponen impedimentos para que sus representados aparezcan en algunas de las fiestas donde lucen su cuerpo fit depende de con quién. Con un torero, mejor que no (repito, confieso que he vivido). Con algo que pueda parecer distintivo de la derecha, tampoco. No vaya a ser.

Esta fiesta del cine es lo peor que tiene el cine español, capaz de hacer cada año una docena de películas que uno recomendaría a algunas personas frente a las otras más de trescientas que si te he visto no me acuerdo, o directamente son poderosos truños. Pasa con todo, no hay cien discos excelentes ni cien libros que llevarse a la tumba. Pero un escritor o un músico no recibe una subvención que pagamos todos. En cualquier caso, siempre están con la «maravillosa cosecha», buscan en la excelencia que no tienen el salvoconducto al mitin. Palestina, Israel, Irán, Estados Unidos. Con lo cerca que se siente el vacío de las víctimas de los trenes o de los acosos sexuales de algunos políticos que, de no saberse, participarían de la mascarada de la chapita y se mezclarían con ellos. Como Sánchez. Qué papelón.


© La Razón