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Ante el olvido de ETA vuelve Aramburu

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15.02.2026

La historia reciente nos guarda todavía pedazos de vergüenza. Se ponen muy dignos los que exigen reparaciones por no se sabe muy bien qué cunetas de la guerra civil, incluso se polemiza con esos debates que viajan a ninguna parte, como el de Pérez Reverte del que se bajó Uclés, en ese momento María Jesús y su acordeón, mientras siguen sin resolverse 379 crímenes de ETA. Hubo un tiempo en que buena parte de España, no digamos del País Vasco, sangre bajo las aceras, miró hacia otro lado, luego intentó recomponer esa afrenta con el movimiento «manos blancas» y finalmente, hoy mismo, olvidó a las víctimas del terrorismo. Uno de los apoyos del Gobierno es Bildu y no hay un clamor para que no sea así por lo que, entiendo, a la mayoría no le parece del todo mal. Otra cosa sería pactar con Abascal, que exige el cumplimiento íntegro de las penas. Pesa más que es «facha».

Así se está contando la historia. Tiene mejor prensa un asesino, depende de dónde uno se mueva, que un derechista exacerbado. No me gusta lo que escribo, pero es lo que hay. Cuando se saca a ETA, un progre pone cara de fastidio. ¡Otra vez la derecha con esa canción! Se vive cómodamente instalado en el piso piloto del olvido porque no hay que hacerse perdonar. La memoria, y no digamos la llamada «democrática», es muy selectiva. Tal vez ser progre evite alguna visita al psiquiatra.

Estábamos y estamos en este punto. Hace treinta años que un 14 de febrero asesinaron a Tomás y Valiente. Estos días Txeroki, el que fuera jefe de la banda, se pasea semilibre gracias a un privilegio del reglamento penitenciario. No ha pedido perdón. No se arrepiente. Los más jóvenes no saben quién fue Gregorio Ordóñez o Miguel Ángel Blanco. ETA no mata desde 2011. Bildu se ha blanqueado con una impronta de izquierda ecologista; lo mismo atrapa a gente de buena fe como a esas almas ruines que aún rumian la crueldad de los visillos.

En pocos días, un fenómeno cultural extraordinario se unirá a este ecosistema nebuloso. Fernando Aramburu publica «Maite» diez años después de «Patria». La novela, editada por Tusquets, ya arrasa en preventa. Años noventa. España está en tensión, reza la nota de prensa, «porque acaban de secuestrar y amenazar con asesinar a un concejal de Ermua». No les cuento más. Maite, confusa y aterrada, es el personaje que centra la trama. Volveremos a hablar de aquel tiempo en que se miraba hacia otro lado. Como ahora.


© La Razón