De la estanflación a la depresión económica
El INE publicó los datos de inflación al mes de marzo de 2025. La disminución de precios del IPC en -0,3% no puede pasar desapercibida. Si le sumamos la variación negativa de febrero de -0,62% y la inflación de enero de 1,3%, la inflación acumulada en el año es prácticamente nula. ¿Por qué los precios están bajando? ¿Qué tan bueno es para la economía?
A primera vista podría interpretarse como una buena señal, cuando en realidad no necesariamente lo es. El dato de febrero (-0,62%) es una especie de placebo que da la sensación de que estamos mejor, pero en la práctica seguimos igual o incluso podríamos estar un poco peor.
En principio opera en nuestro cerebro un sesgo psicológico a negar la disminución estadística de los precios porque, tenemos la tendencia a pensar que las cosas siguen igual de caras debido a que nuestro punto de comparación no es el mes anterior sino el año anterior cuando los precios eran mucho más baratos. Así que la disminución de precio de estos dos meses puede considerarse un premio consuelo, pero aún insuficiente para colmar nuestras expectativas.
En economía solemos describir estas situaciones mediante el concepto de error tipo I, que alude a los llamados falsos positivos: casos en los que se rechaza una hipótesis nula cuando en realidad era verdadera. En este contexto, el consumidor percibe que la inflación sigue alta aun cuando la estadística del último mes indica una caída.
Por otra parte, existe además un fenómeno de atraso inflacionario. Los precios no se ajustan al mismo ritmo que el tipo de cambio, como cabría esperar, sino que lo hacen con un rezago considerable. Varios productos importados —como shampoo, papel higiénico, ambientadores, pasta dental, maquillajes, cremas, enjuagues o toallas— han reducido su precio entre 3% y 4%, pese a que el tipo de cambio ha disminuido más de 25% en el mismo periodo. Aquí opera los efectos asimétricos de la política cambiaría.
Este desfase genera márgenes extraordinarios para intermediarios y especuladores que capturan temporalmente esa diferencia.
Pero más allá de este comportamiento estadístico lo cierto es que en los últimos dos meses más de la mitad de los 398 productos que conforman la canasta básica familiar han disminuido de precio. Esta no es una simple caída del precio del tomate, la papa o la carne de pollo, estamos frente a una reducción de precios generalizada y aparentemente sistemática. Este comportamiento podría bien reflejar una situación de deflación que consiste en la caída generalizada y continua de los precios de la economía.
La última vez que tuvimos una deflación temporal fue en septiembre de 2020 cuando la mayoría de los precios de la economía mostraron marcadamente signos negativos de variación. ¿Qué tiene en común ese año con este?: Los ajustes! Tanto entonces como ahora se anunciaron recortes significativos al gasto público y una contracción monetaria muy dura.
La disminución de precios en principio no es mala porque ayuda a recuperar el poder adquisitivo y la capacidad de ahorro; Sin embargo, en contextos recesivos puede ser la señal de algo mucho peor. Esta segunda interpretación de la inflación es aún más peligrosa. Asumir la baja de inflación como un factor positivo, sin entender sus causas reales, puede llevarnos a caer en un espejismo estadístico. La contracción económica que comenzó en el segundo semestre de 2024 todavía continúa. Estamos camino a completar dos años consecutivos de crecimiento interanual negativo, lo que configuraría el período recesivo más prolongado desde los años ochenta.
Lo que comenzó con una política de ajuste macroeconómica para frenar las presiones inflacionarias en los últimos meses podría terminar desencadenando una enfermedad mucho más aguda que la anterior: La depresión.
Una depresión económica es una situación de contracción grave, severa y prolongada de la actividad económica, que se refleja por una caída drástica del PIB de manera sistemática, desempleo masivo, reducción del consumo de los hogares y una inversión en declive, junto a un proceso de caída sistemática de precios o deflación.
El desplome de precios del mes de marzo de 2026 no hace más que confirmar esta hipótesis. Sino ¿cómo explicar que, en medio de un gasolinazo, los precios continúen bajando? Esto no es estabilidad ni control de precios: es caída del consumo, pérdida de ingresos y más hambre. La estabilidad económica no puede estar por encima del crecimiento económico ni del bienestar de la mayoría de los bolivianos.
