INE, democracia, eje de negociación del T-MEC |
La creciente presión sobre el Instituto Nacional Electoral, la andanada de quejas de todo tipo de proveedores que acusan de “compras a modo” a la administración de Guadalupe Taddei, ya no sólo es un asunto mercantil o de presunta corrupción, pues dichas quejas llegan con “fuego amigo” federal: se trata esencialmente de una ruptura del grupo gobernante entre el “morenismo duro” de Andrés Manuel López, que afanosamente busca regresar al modelo de partido hegemónico del siglo pasado y los “moderados”, que pretenden un equilibrio electoral que permita rotación de élites, disenso institucional y preservar el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá.
Previo a la firma de lo que fue el TLC en 1992, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari se comprometió ante la comunidad internacional a través de Estados Unidos, entonces presidido por George W. Bush, de generar un marco de democracia creíble y visible, así fuera bipartidista. Las acusaciones masivas de fraude electoral que marcaron el arribo de Salinas de Gortari al poder fue un gran obstáculo para que el equipo de negociadores de Jaime Serra Puche y Herminio Blanco lograse un modelo de integración económica de América del Norte.
Pero la irrupción de Morena dislocó los engranajes de democracia y economía. Actualmente diversos observatorios y prestigiadas entidades de análisis político mundial —como Varieties of Democracy (V-Dem) y openDemocracy— han documentado el desmantelamiento de los pilares democráticos en México desde el sexenio pasado: la sustitución a conveniencia de magistrados de la Suprema Corte de Justicia, la irregular elección de juzgadores mediante tómbolas y acordeones, el amedrentamiento y compra de legisladores para controlar al Poder Judicial desde el Poder Ejecutivo y la sobrerrepresentación de Morena y partidos satélites en el Poder Legislativo con igual........