Uruapan, la herida que habita Carlos Manzo

El camino transcurrió tranquilo desde la Ciudad de México, aunque fueron casi 5 horas de circular en alerta, hasta sentir el alivio de dejar la carretera federal 14 para entrar en el municipio.

Los guardianes de la fortaleza en la que lo han convertido, a bordo de un vehículo táctico, nos dieron la bienvenida. Son elementos del ejército que fuertemente armados vigilan como estatuas inmóviles el cruce de cada automóvil, debajo del gran letrero que anuncia:

“Bienvenidos a Uruapan del Progreso. Capital Mundial del Aguacate” …

La llegada es caótica, embotellada, pero como fuereño uno pronto puede distraerse con los enormes afiches con la imagen de Carlos Manzo que poco a poco van apareciendo a ambos lados de la avenida, y donde se leen frases adoloridas.

“Podrán matar al mensajero, pero no el mensaje”, dice uno de ellos. Ya luego las fotografías en gran formato —y más frases— se van multiplicando conforme se acorta la distancia para llegar a la plaza Morelos, donde lo mataron.

“Me chingaron por la espalda porque........

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