El gobierno sanchista a la caza del voto

Según información publicada por Periodista Digital, el Gobierno de Sánchez terminará regularizando a tres millones de inmigrantes. Por otra parte, la ley que otorga la nacionalidad española a hijos y nietos de republicanos exiliados en 1939 beneficia ya a más de un millón de solicitantes. La regularización nacional de inmigrantes en España ha estallado con el último medio millón y se teme que supere los dos millones. Ciertamente la regularización no supone que el regularizado pueda votar. Pero es el primer paso para acceder a la nacionalidad. Una vez recibida ésta, el inmigrante tiene derecho al sufragio como el resto de los españoles. Si a la prebenda de la nacionalidad se le une la compra descarada del voto a través del mínimo vital y de las ayudas para vivienda e hijos, se comprende el alcance de la operación. Las encuestas más serias certifican la debacle electoral del PSOE. Pero esos sondeos no cuentan con la operación puesta en marcha por el sanchismo: otorgar la nacionalidad española a los hijos y nietos de los republicanos exiliados en 1939 y a centenares de miles de inmigrantes regularizados. Porque, efectivamente, no se trata de dar papeles, sino papeletas para votar.

«Candidatura cuestionada por la persecución de la Justicia -escribió Jaime Balmes- se convierte en una amenaza para la corrección electoral». Y en la actualidad no resulta difícil saber quiénes son los altos políticos que sienten el peso de la ley sobre sus cabezas. No se trata de una casualidad que se esfuercen por reformar el censo a través del tsunami de las nacionalizaciones. Pasar de las poltronas del poder al banquillo de los acusados significa una perspectiva poco halagadora. Se comprende que los afectados por la amenaza judicial se esfuercen en arbitrar cualquier fórmula que pueda alterar el resultado de las elecciones.

Suponiendo que sea verdad el propósito sanchista de convocar a las urnas en octubre de 2027, la realidad es que estamos ya en plena campaña electoral, bordoneada por comicios autonómicos de desigual factura. Y como afirma el más sabio de nuestros dirigentes históricos vivo: «Alberto Núñez Feijóo no puede esperar a que la presidencia del Gobierno le caiga del cielo. Tiene que trabajársela».


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