Donald Trump, golpeado por la Justicia |
En las democracias pluralistas plenas resulta complicado que, tras las elecciones generales, el poder legislativo se mantenga independiente frente al ejecutivo. Por eso el control de la gestión pública se produce en numerosas ocasiones a través del poder judicial y por medio del contrapoder, es decir, los periódicos independientes. Son los jueces los que colocan a los gobernantes en su sitio; son los profesionales del periodismo los que descarnan a esos gobernantes ante la opinión pública.
Con ademanes a veces energuménicos, el presidente de los Estados Unidos de América ha voceado, desde su acceso a la Casa Blanca, una política de aranceles extremista y alarmante. Pero su nación es un Estado de Derecho dotado de una sólida Justicia. El varapalo del Tribunal Supremo a las decisiones arancelarias de Donald Trump ha demostrado que la independencia de los jueces en Estados Unidos forma parte de la democracia de aquel país. La reacción del presidente ha sido la del poeta clásico: «Nada me parece justo, en siendo contra mi gusto». Y frente a la decisión de una Justicia proverbialmente equilibrada, Donald Trumpa ha reaccionado, no con el acatamiento formal que exige la democracia, sino dando vueltas políticas para mantenerse en sus trece. Nada nuevo bajo el sol. Cicerón hace dos mil años manifestó en el Senado romano. Ianua se ac parietibus, non iure legum iudiciorumque texit, tuvo que defenderse con las paredes, no con la protección de las leyes y la autoridad de los tribunales.
La Justicia se ha convertido en la horma de las botas trumpistas que han pisoteado sin piedad los intereses de América y del mundo. Son muchos los gobernantes de países democráticos que se esfuerzan por someter a los jueces a sus intereses políticos. Basta con repasar las disposiciones, o los intentos de establecerlas, para dejar constancia de la ambición sanchista. El poder judicial en la España democrática es todavía independiente y también lo son, aunque cada vez más agobiados, los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales que han resistido los asaltos de los alfiles del sanchismo. Próximas ya las elecciones generales, las espadas desenvainadas están en alto. Y se me viene a la memoria una vez más el pensamiento de San Agustín que tantas veces he recordado: «Sin la Justicia, qué son muchos reinos sino una partida de salteadores».
Luis María Anson, de la Real Academia Española