Hipocresía selectiva
Existe en el Perú una asimetría moral tan evidente como injusta. Declararse antifascista o antinazi es, con razón, una credencial democrática. Quien lo hace defiende los derechos humanos, las libertades individuales y la memoria histórica. Pero quien se declara anticomunista suele enfrentar un juicio distinto: aparece rápidamente ela etiqueta de macartista, no para discutir sus argumentos, sino para descalificarlos. La paradoja merece atención: el antifascismo se considera virtud cívica; el anticomunismo, con frecuencia, sospecha ideológica.
Parte de esta asimetría tiene raíces históricas. En 1945 la Unión Soviética emergió como una de las potencias vencedoras y había sufrido las mayores pérdidas humanas entre los principales Aliados en la guerra contra la Alemania nazi. El prestigio adquirido por esa victoria contribuyó a que determinados sectores políticos e intelectuales occidentales relativizaran durante décadas los crímenes del régimen soviético. Esa influencia alcanzó también a Hispanoamérica. En el Perú, después del gobierno de las Fuerzas Armadas de 1968-1980 —especialmente de su primera fase velasquista—, lenguajes y categorías provenientes de la tradición marxista adquirieron amplia presencia en la cultura política y académica.
El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) ofrece un punto especialmente relevante. La CVR concluye, con razón, que la causa........
