/ Las universidades del Perú
Hace pocas semanas, estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos ocuparon la Ciudad Universitaria para rechazar un proyecto de ley del Congreso que permitiría la reelección inmediata de rectores y vicerrectores de universidades públicas. El método de protesta es repudiable. No obstante, la iniciativa legislativa, asociada por muchos a la actual rectora cuyo mandato concluye en julio, desató protestas masivas al ser vista como un intento de perpetuar un sistema viciado.
Las autoridades de las universidades públicas (es decir, nacionales o estatales) no son elegidas mediante concursos abiertos y meritocráticos, sino por asambleas universitarias (con una composición ad hoc que incluye el tercio estudiantil) en las que suelen prevalecer las alianzas políticas, el clientelismo estudiantil y la popularidad -o ventajas ofrecidas- sobre los méritos académicos. Este sistema, lejos de promover la excelencia, refuerza la endogamia y la resistencia al cambio. Lo ocurrido en San Marcos no es un hecho aislado, sino la expresión más visible de un problema estructural que el Perú arrastra desde hace más de dos siglos.
Desde 1821, la universidad peruana ha sido un problema pendiente. Mientras a comienzos del siglo XIX Wilhelm von Humboldt impulsaba en Alemania un modelo universitario que integraba docencia e investigación de alto nivel y hacía de la universidad un pilar de la identidad nacional moderna y del desarrollo científico, el Perú siguió ese camino con dos siglos de retraso. Recién en 2014, con la Ley Universitaria 30220, se intentó formalizar un modelo semejante. Para entonces, el daño ya estaba hecho: nuestras universidades nunca llegaron a ser verdaderas “repúblicas de académicos” ni formaron “académicos de la República”, es decir, intelectuales capaces de ofrecer al Estado y a la nación soluciones fundadas en........
