Los malos tragos del general Chicharro
Allá por los noventa, de la mano de un excepcional Secretario General de Naciones Unidas, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, España se comprometía seriamente en la pacificación del istmo centroamericano. La misión ONUCA (1) tenía por finalidad neutralizar a la «contra» que operaba con claro apoyo norteamericano, contra el régimen sandinista en Nicaragua, a fin de acabar con aquella larga guerra de diez años. Los apoyos a este grupo contrarrevolucionario se encontraban en la vecina Honduras. De ahí que operásemos inicialmente desde Tegucigalpa, su capital.
Un viaje rutinario nos había llevado en un vuelo de «Dornier», a Mocorón, plena Moskitia hondureña, próxima a la base de la Kiatara, claramente «alimentada» por los EE.UU. Allí desmantelaríamos un mes después, al conocido como Frente Norte o Frente Atlántico de la resistencia. Ya de regreso a Tegucigalpa, el «Dornier» reventó una rueda en el despegue, lo que aconsejó a los pilotos alemanes –militares amparados por la Orden de Malta (2)– un aterrizaje de emergencia en un aeropuerto a nivel de mar y optaron por la Isla de Guanaja situada en pleno golfo de Honduras, hoy paraíso turístico, ayer una de las primeras islas que visitó........
