El impulso de la ira |
Se atribuye la sentencia al presidente Joe Biden cuando visitó Israel en 2023, poco después de los ataques de Hamás del 7 de octubre. Tras reconocer la «rabia, dolor y conmoción» que el ataque había producido en la sociedad judía, les advirtió: «No os dejéis consumir por la rabia; buscad justicia, pero no cometáis los mismos errores que cometimos nosotros tras el 11-S, cuando el impulso de la ira nos llevó a tomar decisiones contraproducentes». Los dos ataques difieren en escala, impacto psicológico y respuesta política. El 11-S ejecutado por Al-Qaeda unió al país, que se lanzó a una «guerra global contra el terrorismo» con invasiones a gran escala en Irak y Afganistán, pero sin objetivos claros de salida, causando daños civiles que les crearon más enemigos.
El 7 de octubre, la infiltración masiva sobre 119 puntos fronterizos dejó a Israel en shock interno, con profunda crisis de confianza en el Gobierno y en sus fuerzas armadas a la que respondió no solo decidido a liberar a los rehenes a cualquier precio, sino a destruir a Hamás, lo que en la práctica representó la destrucción de Gaza. Por esto, en 2023 los EE. UU. les aconsejaban «tener objetivos de guerra bien definidos y una estrategia para el día después en Gaza», en lugar de una reacción impulsiva y desproporcionada.
A día de hoy, ambos no comprenden que combatir el terrorismo sin un plan político, solo con la fuerza militar, suele resultar fallido. Los EE. UU., que aconsejaron contención a Israel en 2023, ahora se han sumado a ellos, contagiados de su misma ira. Si la operación «Furia épica» busca apoyar a Israel en su lucha contra el islamismo radical y de paso destruir el programa nuclear iraní, eliminar su sistema de misiles balísticos e incluso cambiar su régimen teocrático, indiscutiblemente es mucho objetivo, máxime cuando aparecen fallos de inteligencia y consecuentemente errores de cálculo.
Sorprendió que Irán en menos de dos horas respondiese a los primeros ataques del 28 de febrero, lanzando drones y misiles, no solo a Israel, sino también a bases norteamericanas ubicadas en siete países de la región (1). Solo demostrando americanos y judíos que se anticiparon a un inminente ataque de Irán a Israel, justificaría el ataque. Estas breves dos horas podrían llevarnos a pensar que Irán, herido desde junio de 2025, había decidido su ejecución, teñida también de ira y venganza. Pero este ataque preventivo debería demostrarse sin trampas ante la opinión pública internacional.
Militarmente, es prácticamente imposible batir tantos objetivos de un país, tres veces España, cruzado por cuatro cordilleras con montañas por encima de los 4.000 metros, con 90 millones de habitantes de mayoría chií educados en el sacrificio y el martirio, que combina sin problemas la represión laica con la religiosa y que, aparte de sus fuerzas armadas, se ha dotado de una Guardia Revolucionaria con 190.000 miembros. ¿Qué organismo informó que podía producirse un movimiento interno contra el régimen instituido? ¿Confundieron Irán con Irak o con Venezuela?
Bien saben en el Pentágono que una intervención militar únicamente aérea no es capaz de conseguir objetivos tan extensos y complejos. Pero han prevalecido claramente decisiones políticas. El jefe de Estado Mayor de la Defensa, Dan Caine (1968), experto piloto de F-16, general de tres estrellas retirado, que alcanzó la cuarta rescatado por Donald Trump, advirtió este 5 de marzo en una considerada «alarmante advertencia» que no tenían suficiente munición si esta guerra se prolongaba.
Complejas siempre las relaciones político-militares, es prácticamente imposible saber lo que se decide en el «tanque» del Pentágono. Solo se intuyen diferencias cuando se conocen declaraciones de sus líderes. Trump, que en febrero de 2025 destituyó «abruptamente» al general Charles Q. Brown, eligió como secretario de Defensa, mutado inmediatamente a secretario de Guerra, a Peter Hegseth (1980), un conocido presentador de Fox News, formado militarmente en la Guardia Nacional, con servicios en Guantánamo, Irak y Afganistán, algunos cercanos a la CIA, donde coincidió con Caine, entonces enlace de sus Fuerzas Armadas con la Agencia de Inteligencia.
Significativa en estos momentos, una reciente instrucción interna de Dan Caine, dirigida a los generales del Pentágono, ante un encuentro con sus líderes políticos: «No aplaudan; actúen tan estoicos como lo harían en el discurso del Estado de la Nación, de acuerdo con normas de un ejército no ligado a ningún partido político». No aplaudan, pero cumplan, viene a decir. Buena lección de disciplina, cuando se asumen decisiones, aun sin estar de acuerdo con las del superior.
Pero cuando la «épica» sustituye a la «ética», cuando el poder político se impone a la racionalidad de la milicia, no es extraño que aparezcan síntomas de «fatiga estratégica».
(1) Bahréin, Qatar, Emiratos, Kuwait, Arabia Saudí, Jordania e Irak
Luis Alejandre Sintes, es general (r). Academia de las Ciencias y las Artes militares.