A dos mil años de aquel Jueves |
Lo llamamos Jueves Santo. Pero estamos viviendo entre desgarradoras guerras que poca santidad entrañan. Y aquellos «santos lugares» que recordamos estos días, no escapan de ellas. Hoy hablamos mas de drones y misiles que producen muerte y destrucción, que de aquel amor fraterno que sonaba a mensaje de despedida, en una cena entre amigos comprometidos que llamamos discípulos.
No obstante, a pesar de todo, el mensaje sigue vivo, cuando resalto una noticia muy significativa para mí: «Vuelven las procesiones de Semana Santa a San Sebastián».
Porque en aquel País Vasco, el de los mastodónticos seminarios de los que brotó la asesina semilla de ETA, no solo se mató, chantajeó y obligó a muchos de sus hijos a huir, sino que también se intentaron borrar todas las raíces hispanas de su ser como pueblo. No querían ser la Sevilla, la Córdoba, ni siquiera la Valladolid o la Palencia en Semana Santa. En 1970 el obispo Jacinto Argaya las prohibió entre aplausos aberzales, al mismo tiempo en otros se negaban a celebrar funerales, por las víctimas de aquellos asesinos. Hoy, aunque persista la misma cultura abertzale, blanqueada por sucios pactos políticos, parte de la sociedad donostiarra se ha rebelado. Algunas tradiciones que se remontan al siglo XVI y las tallas de Felipe de Arizmendi recorrerán en tres pasos restaurados, el centro de la bella ciudad, Puerta del Sol como eje, tras cincuenta y cinco años de no hacerlo.
Lo valoro enormemente en estos momentos, presentes aún unos años de plomo que segaron las vidas de tantas personas incluidos militares, policías y guardias civiles. Prioricé mi primera visita oficial como Jefe de Estado Mayor a aquella guarnición especialmente castigada. Dos de sus generales Gobernadores Militares habían sido sucesivamente asesinados. (1) Y, aunque no faltaban voluntarios para ocupar el puesto, políticamente se optó por la supresión del cargo, concesión que los asesinos debieron celebrar. Siempre valoré a nuestros hermanos de la Armada que, contra viento y marea, supieron mantener su Comandancia de Marina en la peor zona abertzale de la ciudad, testigo de manifestaciones y atentados, que sufrieron en propias carnes.
En esta España que quisieron borrar, brotan esta semana manifestaciones de fe, fieles a viejas tradiciones que en muchos casos se remontan a siglos, como la «tamborá» de Baena que contabiliza cinco, o las de Soria de la que hay constancia desde 1256 cuando Alfonso X «el Sabio» mencionó sus celebraciones en el Fuero de la Ciudad. Por supuesto valoro las ricas conmemoraciones de nuestras capitales de provincia, especialmente en Andalucía, Murcia, Aragón, las Castillas, León y Extremadura, sin poder dejar de citar a nuestros Legionarios del Cristo de Mena en las conmemoraciones de Málaga.
Pero para mí, son entrañables las de la España profunda y muchas veces vaciada «que han sabido conservar la autenticidad y tradición de unas celebraciones de gran trascendencia, donde conviven cofrades, vecinos y visitantes, compartiendo ritos y momentos ancestrales» (2): el «Nazareno Lambrión» que anuncia la Semana en Ponferrada; los «Pasos Vivientes» de Alcaudete, una reliquia etnológica conservada con celo; Mula y su noche de los tambores del Martes Santo; Oliva de la Frontera donde todos sus vecinos participan en la representación de la Pasión; los «blancos y azules» de Lorca; los «empalaos» de Valverde de la Vera, atados los brazos de sus nazarenos al madero de la cruz; Lucena, con modo propio de portar los pasos a hombros de «santeros» organizados en cuadrillas dirigidos por el «manijero» en el que cada paso se mueve siguiendo una técnica transmitida durante generaciones que combina equilibrio, coordinación y una estética característica; hoy Jueves concentra momentos intensos con las cofradías recorriendo sus calles ; Caravaca de la Cruz, Cabra, Tarazona al pie del Moncayo con sus «ensacados» arrastrando cadenas atadas a sus pies; Albalate del Arzobispo, Alcorisa, Andorra, Híjar, Samper y Urrea que «rompen la hora» también este jueves a golpe de tambor y que tendrá su máxima exposición en Calanda mañana Viernes a mediodía. El «caballero cubierto» en la procesión del Santo Entierro de Orihuela en la que aparece el impresionante paso de «La Diablesa». Tantos otros: Morata de Tajuña, Chinchón. Daganzo, Parla, Villarejo de Salvanés...En mi Menorca, celebraciones entrañables más modestas, con pasos e imágenes recompuestas en los años cuarenta -pasto de las llamas en 1936 las históricas- donde aún se da nombre a los cofrades por sus hábitos «de sac», es decir vestidos con telas pobres de saco de arpillera o yute, más acordes con la vestimenta de la época, sustituidas con el tiempo por terciopelos y bordados.
Todo un renacido «movimiento cofrade» -San Sebastián incluido- vive hoy la fuerza de una fe de siglos.
(1)Generales Rafael Garrido (25.Oct. 1986) y González Vallés (23 Sep. 1979)
(2) «La Razón» 20 marzo.2026
Luis Alejandre Sinteses general (r). Academia de las Ciencias y las Artes Militares