Masivo efecto llamada ante una masiva regularización
Una intensa reacción política ha provocado la aprobación por parte del Gobierno del nuevo Reglamento de Extranjería mediante un Real Decreto para regularizar como mínimo a medio millón de inmigrantes. Y que puede llegar a ser el doble. Una respuesta lógica ante una grave decisión, que se le sustrae al Congreso su aprobación, teniendo un impacto muy importante sobre nuestra sociedad y la misma identidad nacional española. Puede parecer excesiva esta afirmación, pero no es ninguna exageración respecto a sus previsibles consecuencias. Basta tener presente el dato que han expresado tanto el presidente de la patronal catalana como la ministra portavoz del gobierno. Sánchez-Llibre ha dicho que “necesitamos inmigrantes como el agua”. Elma Saiz, por su parte, dijo que, “como ejemplo”, sin los inmigrantes “90.000 bares tendrían que cerrar”. Asimismo se considera que un 45% de los contratos de trabajo suscritos desde la reforma laboral se han efectuado con inmigrantes. Por su parte, Sánchez dijo desde China que “la economía crece gracias a ellos”. Frente a estas posiciones, Feijóo ha manifestado su rotunda oposición a dicha medida por considerarla “inhumana, injusta, insostenible e insegura”. Y Abascal se dirige a Sánchez avisándole que “esa regularización el pueblo no la perdonará, y tendrás que pagarlo”. No es preciso un exhaustivo análisis de la situación para llegar a la conclusión de que el futuro de España y los españoles está en manos de inmigrantes irregulares de otros países, en especial procedentes de África y América, además de algunos europeos. Los primeros, mayoritariamente musulmanes, e hispanos los americanos. Estos comparten nuestra lengua, cultura y valores, fruto de las comunes raíces cristianas llevadas por España, y su integración social no es problemática, siempre que se establezcan los controles de seguridad previos a su regularización. En cuanto a los musulmanes, una auténtica integración social se ha demostrado literalmente imposible. Antes de seguir hablando de ello en próximos Trípodes, es evidente que si España quiere mantener su identidad nacional e histórica, no puede mantener una política que la convierte en una nación y una sociedad condenadas a desaparecer por depender de ciudadanos extranjeros. Una consecuencia que va a provocar esta masiva regularización va a ser un masivo “efecto llamada”. Con las mafias criminales a las que esta decisión les asegura un gran negocio. La tasa de natalidad de la población inmigrante es muy superior a la española, que se encuentra bajo mínimos, y es la causa fundamental de este problema existencial. Una política de promoción y ayuda a la natalidad es esencial para corregir este gravísimo problema y se está haciendo todo lo contrario. Mediante políticas que promueven el aborto y la ideología de género, por ejemplo.
