España alineada con los ayatolás, Hamás y Hizbulá
Hace unos días comentábamos que la libre navegación por el Estrecho de Ormuz, el final de su programa para conseguir armamento nuclear y la inclusión del Líbano en la zona del «alto el fuego» constituían la terna de puntos por los que transcurriría la «línea roja» común entre EE. UU. e Irán, para poder alcanzar un acuerdo de paz. Los dos primeros de ellos afectan a ambos países, mientras que la cuestión del Líbano requiere de un acuerdo entre dicho país e Israel. Pese a las cuestiones previas planteadas, finalmente se consiguió que comenzaran el sábado las conversaciones en Islamabad, para que, tras 20 horas de conversaciones por ambas partes, se levantaran los negociadores de la mesa dadas las diferencias existentes entre las respectivas posiciones de unos y otros. El vicepresidente J.D. Vance regresó a despachar con Trump explicándole con detalle la situación y lo mismo hicieron por su parte los interlocutores iraníes. No obstante, ambas partes quisieron remarcar que se trata de una mera suspensión, y que no significa una ruptura de las negociaciones, pero es un claro ejemplo de la dificultad de llegar a un final negociado de la paz en la región. En ese complejo escenario político y militar, el Frente Popular en el Gobierno de España se ha alineado claramente con el bando de la dictadura teocrática de los ayatolás, con ostensibles gestos diplomáticos de creciente hostilidad hacia EE. UU. e Israel. En relación a Donald Trump, la enemistad es manifiesta desde hace tiempo, y hacia Israel ha alcanzado un punto de práctica ruptura de las relaciones diplomáticas bilaterales. La retirada de nuestro embajador en Tel Aviv, mientras regresa a Teherán el de Irán, hasta ahora ausente por la guerra, ha sido considerada como un acto de agresión diplomática por Netanyahu, que ha advertido a Sánchez que es un gesto que «no le resultará gratis». Por si ello fuera poco, la quema de un muñeco representando al PM israelí en la localidad de El Burgo (Málaga) ha sido considerada por su ministro de Asuntos Exteriores como una manifestación del «odio antisemita» alimentado por una «incitación sistemática del Gobierno de Pedro Sánchez». Desde la persecución nazi contra los judíos protagonizada por Hitler, no se había conocido una acusación de tal magnitud hacia ningún país occidental. Que España sea el primero –y de momento único– en recibirla ocasiona un daño reputacional a nuestro país de inimaginables consecuencias políticas y económicas. Mientras todo esto sucede en Oriente Medio, Sánchez realiza su cuarta visita a China para reunirse con Xi Jinping, con quien mantiene una estrecha relación, cuestionada en la UE y EE. UU. Una política exterior propia de un auténtico Frente Popular.
