Liberarse del masismo

Lo que ocurre hoy en Bolivia no es una transición plena. Se ha producido un cambio de gobierno, pero el sistema impuesto durante dos décadas permanece en gran medida intacto. Se trata de una estructura real, diseñada para sobrevivir incluso a la derrota electoral y conservar el control efectivo del poder.

Las evidencias de esa continuidad son claras.

También consulte: El poder de bloquear

La primera es la administración pública. El aparato estatal sigue copado por funcionarios seleccionados más por lealtad política que por mérito o capacidad. Su permanencia pone en riesgo los planes del gobierno en áreas sensibles donde se maneja información, recursos, seguridad, tierras, servicios, energía y representación diplomática. La continuidad de cuadros masistas puede traducirse en sabotaje interno, filtraciones, inercia deliberada o preservación de redes de poder. Ningún proyecto de cambio puede avanzar si el Estado continúa operando con lealtades ajenas al mandato democrático.

El crecimiento desmedido del empleo público no respondió a una lógica de servicio, sino a una estrategia de dominación. El trabajador estatal fue convertido en rehén del poder político, disciplinado por el miedo a perder su sustento.

La segunda evidencia es el andamiaje........

© La Razón