La dictadura invisible que Washington financia |
Desde el punto de vista simbólico, es una obscenidad. Desde el ángulo estratégico, es una autolesión y una incongruencia que Estados Unidos termine, de hecho, financiando a quien convirtió el antiamericanismo en negocio y herramienta de poder durante 60 años, 30 de ellos desde la cúspide del Estado.
A ese mismo aparato que ha puesto al país al servicio de la penetración china y rusa; que encarcela, tortura y masacra a su pueblo; que expropia a discreción y obstruye la estabilidad y la integración de Centroamérica.
Ese contrasentido choca de frente con la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y empaña el esfuerzo del presidente Donald Trump por enfrentar a las dictaduras de Cuba y Venezuela y encauzar la cooperación con América Latina. Aunque Nicaragua no represente un riesgo de seguridad mayúsculo para Washington, el mensaje resulta devastador. El compromiso no estaría con la democracia, sino con la docilidad.
Las autocracias podrían seguir a salvo mientras permitan hacer negocios, incluso a pérdida para Estados Unidos. Los gobiernos autoritarios serían tolerados si agachan la cabeza, como el avestruz, y ofrecen alguna bagatela útil, como hacen ahora Daniel Ortega y Rosario Murillo al cooperar contra la inmigración ilegal y el narcotráfico.
La misma metamorfosis del poder nicaragüense es una aberración que........