Ignorancia en la España de Torrente y de Rufián
Bertrand Russell (1872-1970), según cita Victoria Camps en su delicioso «Elogio de la duda», sostenía que «gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». El filósofo no pudo conocer a Donald Trump. Tampoco a Gabriel Rufián, Irene Montero, Santiago Abascal ni a otros populistas del momento. Pedro Sánchez se autoconcede un baño de popularidad con el dictador chino, mientras en España triunfa en los cines «Torrente Presidente», que «desde un punto de vista filosófico, es el fin de la historia de Fukuyama, pero con música del Fary» y que logra la proeza de «que la pantalla desprenda un aroma virtual a fritanga y tabaco rancio», como apunta Lorenzo Bernaldo de Quirós, presidente de Freemarket. Gabriel Rufián ya explicó que «ser independentista es un estado transitorio», para añadir que «ser de izquierdas es lo mismo que ser indepe». Todo es tan confuso como mezclar el independentismo, entendido como lo entienden en la ERC de Junqueras, con la izquierda. Ahora, empeñado en la unión de la extrema izquierda en un pintoresco noviazgo político con Irene Montero, acaba de hacer una gran aportación a la ciencia o al pensamiento económico que podría hacerle acreedor del premio IG Nobel, que es una parodia de los premios Nobel, concedida a investigaciones insólitas y que se entrega en una ceremonia festiva por verdaderos premios Nobel. Christopher Watkins, Juan David Leongómez, Jeanne Bovet, Max Korbmacher, Marco Antônio Corrêa Varella, Danielle Wagstaff y Samuela Bolgan, por ejemplo, recibieron el de Economía por sus estudios para determinar la diferencia entre la renta per cápita de distintos países y la cantidad promedio de besos en la boca. La aportación de Rufián, aplaudida por Irene Montero, es que para solucionar el problema de la vivienda no hay que construir más viviendas, ¡en un país en el que hay un déficit de medio millón!, porque eso beneficiará a los ricos y especuladores. Ya dijo Pablo Iglesias que no debería prometer nada a los parias de la tierra, sino crear un infierno rojo para los ricos. Benito Arruñada, catedrático de la Pompeu Fabra, acaba de escribir que «proteger a la parte débil en los contratos en vigor suele perjudicar a quienes intentarán contratar después». Hay que leer su texto, breve: «Proteger al débil hoy excluye al débil de mañana». Lo de Rufián es la respuesta a «una demanda política miope», en esa España de Torrente, con ignorantes muy seguros, como aquellos de Bertrand Russell.
