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Ábalos, Koldo, Begoña y la paradoja populista

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Platón (427-347 a. C.), hace casi 2.500 años, ya decía que «los mendigos y hambrientos de bienes personales van a la política creyendo que es de ahí de donde han de sacar la riqueza». El juicio en el Tribunal Supremo contra Ábalos y Koldo ha puesto negro sobre blanco muchas de sus andanzas, en el mejor de los casos discutibles, no sin un componente casposo o cutre. Además, todavía puede haber sorpresas. Pocos entienden su actitud y la explicación más verosímil es que siempre creyeron que, en el último momento, Pedro Sánchez, de alguna manera, acudiría en su rescate y los salvaría. No ocurrirá y ya barruntan que, si son condenados, tampoco pueden esperar un indulto. De ahí la hipótesis de alguna sorpresa. El inquilino de la Moncloa reserva toda la artillería por si tiene que intentar utilizarla en defensa de su mujer, Begoña Gómez, ya más cerca del banquillo, al margen de la que señalan como «instrucción heterodoxa» del juez Peinado. La Justicia determinará si la esposa del presidente cometió alguno de los delitos de los que se le acusa. Es muy discutible, pero lo que es evidente es que disfrutó de una serie de ventajas por ser quien es y que no están al alcance del resto de los ciudadanos. No hay precedente de acceso a una cátedra extraordinaria en la Complutense sin ni tan siquiera un título universitario. Tampoco es nada sencillo obtener un patrocinio económico de algunas de las grandes empresas del Ibex. Es posible –quizá probable– que nada de eso sea ilegal, pero también encaja con el «iliberalismo» derrotado de Orban, a quien Agustín Valladolid, en Voz Populi, encuentra algún paralelismo con Sánchez. En el New York Times hablan, estos días, de la «paradoja populista» tras la derrota electoral del hasta ahora primer ministro de Hungría: «Algunos líderes populistas –editorializa el diario neoyorkino– ganan con la promesa de sanear el sistema y luchar contra la corrupción. Luego, una vez en el poder, erosionan las instituciones que ayudan a evitar la corrupción, al tiempo que la utilizan para afianzarse en el poder». Las comparaciones son tan odiosas como reveladoras. En España, no obstante, más o menos a pesar del Gobierno, todavía funciona la Justicia, el último dique de contención de los que buscan riqueza en la política, retratados por Platón.


© La Razón