Fin del Culebrón |
Era cuestión de tiempo, pero tarde que temprano Marx Arriaga se tenía que ir.
Fue un largo culebrón que se pudo evitar. No lo provocó sólo el protagónico personaje, el Gobierno se encargó del resto de manera torpe y desaseada. Se pudieron evitar muchos lances, pero pareciera que trataron de hacer enojar lo menos posible al histriónico personaje, y quizá también a quienes lo apoyaron y encumbraron.
Todo podría ser parte de una comedia de medio pelo si no fuera porque lo que está en el centro es la educación del país. Por la forma en que buscaron terminar con el problema no pareció que para el Gobierno el tema fuera su preocupación primera. Lo dejaron hacer su escándalo, le dieron largas a su salida y hasta le ofrecieron inopinadamente la embajada de México en Costa Rica.
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El ofrecimiento diplomático puso de nuevo en evidencia lo que este Gobierno y el anterior piensan y quieren del servicio exterior. Como si no hubiéramos pasado por momentos realmente confusos y lamentables en política exterior, ahora ofrecieron la embajada a un personaje del que se querían deshacer y les pareció lo idóneo mandarlo a Costa Rica, nunca supimos qué pensaban en San José del desplante del Gobierno mexicano.
En el sexenio pasado, recordemos, se creó un problema con Panamá por la designación de Jesusa Rodríguez. López Obrador hasta le quiso dar clases sobre Panamá al presidente del país canalero.
La Presidenta ha atemperado los ánimos a quienes creemos que se tienen que cambiar elementos de los libros de texto. Queda claro que si lo hace podría terminar por ser una afrenta al gobierno de López Obrador, lo cual ha tratado de evitar a toda costa a pesar de que ya son varios los cambios que ha hecho.
En más de una ocasión no le ha quedado de otra. El tema de seguridad es el más evidente, pero también se han presentado variantes significativas en materia de salud en el caso de las vacunas. Sume los inevitables movimientos en el Senado, en donde quedó la impresión que dejaron que Adán Augusto explicara su salida lo cual fue difícil de creer.
AL FINAL de nuevo pasó lo que tenía que pasar. No había manera de sostener a Marx Arriaga, porque no sólo se dedicó a crear cuestionables libros de texto, sino que además le dio por desafiar a la Presidenta y al titular de la SEP
La educación va por otra vía. Es una de las áreas más sensibles de la sociedad. Convoca a millones de personas de manera directa e indirecta. La educación es la esperanza de la movilidad social y económica. Es el área en donde se construyen las posibilidades de que el país sea diferente. No se puede experimentar bajo la improvisación o hacer de los salones de clase espacios para el activismo político que no para la enseñanza.
En el pasado sexenio dejaron que Marx Arriaga y su equipo echaran a andar un proyecto que fue desarrollado a través de debates unilaterales e ideologizados, ante los que no se permitió cuestionamiento alguno.
Al igual que en salud, López Obrador confió en personajes con los que tenía empatía y a quienes no cuestionó sobre lo que estaban haciendo. Si a la distancia revisamos las declaraciones de López-Gatell y de Marx Arriaga encontraremos un cúmulo de contradicciones que buscaban quedar bien con el presidente, más que ofrecer alternativas a los problemas en ambas áreas.
Lo que pasó en la SEP confirma el poco interés de López Obrador por resolver problemas de enorme importancia. Marx Arriaga se pudo quedar cuatro días pertrechado en la SEP, porque se sentía el representante del obradorismo en la educación.
Al final de nuevo pasó lo que tenía que pasar. No había manera de sostener a Marx Arriaga, porque no sólo se dedicó a crear cuestionables libros de texto, sino que además le dio por desafiar a la Presidenta y al titular de la SEP.
Para el personaje, ahora vendrán los tiempos de los mítines, asambleas y consignas en las plazas públicas.
Lo que viene ahora será una necesaria revisión de los libros de texto.
Se puso ruda la distribución del pastel entre Morena y sus aliados. Insistimos en que se van a poner de acuerdo, lo que acabaremos viendo es bajo qué condiciones, porque es claro que sin aliados no hay reforma electoral.
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