Desde la última fila
El Mundial del 70 tuvo una muy alta dosis de magia. Durante un mes nos dedicamos a la fiesta y el relajo.
La tribuna se extendió a las calles. En un buen número de ciudades los aficionados se dedicaron a festejar por las principales avenidas los triunfos de México y los de cualquier selección. Vivimos en medio de la diversión, la cual le cambió la cara al país. Habíamos dejado atrás los Juegos Olímpicos con sus brutales antecedentes del 68. Nos dimos un espacio para dedicarnos al juego, a la diversión y a hacer nuestra fiesta.
Brasil y Guadalajara se enamoraron. Es probable que el futbol que jugaron los brasileños en el Jalisco y en el Azteca haya sido un parteaguas. No hay manera de compararlo con el futbol de hoy. En aquellos tiempos un jugador podía caminar metros y metros con la pelota sin que alguien se le apareciera. Hoy en día, en cuanto se recibe el balón, los jugadores tienen encima como pegostes al menos a dos adversarios.
Brasil auténticamente jugaba al futbol. Todo lo que........
