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El viaje es lo que cuenta

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Hay ocasiones en las que uno va al cine y es testigo de un auténtico milagro. Somos parte de una experiencia apasionante e inolvidable donde los personajes dejan una huella en nuestros corazones.

Proyecto fin del mundo (2026) o, como es su título original, Project Hail Mary —mucho mejor que la traducción— es una de esas experiencias. Esencial que se vea en la pantalla grande.

Los directores Phil Lord y Christopher Miller (La gran aventura Lego) son la cabeza creativa de esta aventura, la cual constantemente sorprende y conmueve. El guionista Drew Goddard (El marciano, de Ridley Scott) comparte una clase magistral de adaptación, al tomar el texto de la novela homónima de Andy Weir, plasmando su esencia narrativa.

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En el presente, nos encontramos dentro de una ultramoderna nave espacial llamada Hail Mary, donde Ryland Grace (Ryan Gosling, uno de los mejores actores de la actualidad) es el único sobreviviente de la tripulación. Armando el rompecabezas, pieza por pieza, Grace recuerda por qué él está ahí: el planeta Tierra está en peligro de extinción porque una extraña sustancia alienígena está consumiendo al Sol de nuestra galaxia. La comunidad científica descubre que existe otro planeta llamado Tau Ceti e, ubicado a 11 años de distancia y cuyo Sol tiene la misma sustancia y no parece tener las mismas afectaciones de la Tierra.

La misión en la Tierra, en este filme, se cuenta a través de una serie de flashbacks dotados de una claridad narrativa que comprende cómo se deben revelar las acciones y eventos de la historia para mayor efecto dramático. La líder del proyecto, Eva Stratt (Sandra Huller, maravillosa como siempre), es quien promueve viajar a este planeta para tomar muestras de la sustancia y así encontrar una solución al dilema existencial de nuestro mundo.

Grace es un héroe accidental, involuntario y totalmente rebasado por las enormes circunstancias que lo rodean, mediante su personaje evoluciona y comprende finalmente la importancia de su rol en todo esto, decide aceptar su responsabilidad y cumplir con la misión. En el viaje a Tau Ceti e conoce a un extraterrestre, al cual él bautiza como Rocky. Los dos, después de un proceso atropellado por encontrar la manera de comunicarse y llegar a la misma meta juntos, construyen una amistad verdaderamente hermosa.

La música original de Daniel Pemberton (Steve Jobs) es un fenómeno musical, además de asombrosa y enternecedora. Alimentando nuestros sentidos, la magnífica fotografía de Greig Fraser (Duna) y el diseño sonoro nos transportan al centro del espacio.

Proyecto fin del mundo es un paradigma extraordinario de la ciencia ficción y del cine de fantasía y aventura, repleto de secuencias dramáticas, hilarantes, de grandes dosis de acción y suspenso. Pero en el corazón del filme trasciende más que todo, algo que nos guste o no más allá del cliché, aquello que conecta al universo, que rompe con todas las barreras del lenguaje o de la cultura: el poder del amor y la amistad.

Éste es el verdadero milagro de Proyecto fin del mundo.

Javier Solórzano Casarin

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© La Razón