Un extraño en el Pentágono |
La credulidad humana se pone a prueba a diario. Aun a riesgo de ser tildado de fanático, tengo la impresión de que casi no nos quedan verdades a las que aferrarnos. Y la culpa de semejante desafección la tiene la ausencia de fuentes informativas consensuadas. Los conflictos bélicos son perfectos para comprobarlo. En el siglo VI a.C., Esquilo, el padre de la tragedia griega, denunciaba ya que «la primera víctima de la guerra es la verdad», pero es ahora cuando empezamos a darnos cuenta de lo frágil que resulta un mundo sin ella. Desde que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán hace diez días, hemos visto de todo: desde el cuerpo del imán Jamenei entre escombros creado por IA, hasta una de esas «inteligencias», Grok, dando por falsas imágenes ciertas del bombardeo de un colegio en Minab. Las redes sociales reciben hoy la misma consideración que los medios de comunicación tradicionales, generando una niebla que solo desdibuja los hechos. Hace siete siglos, Petrarca lo vio venir: «A su manera, el vulgo ha aprendido a tener lo falso por verdadero y lo verdadero por falso», escribió. Y aunque en tiempos del poeta no existían Facebook ni X, en la Italia del quatrocento las fake news y las campañas de distracción circulaban con fuerza parecida, yendo de boca a oído, macerándose semanas antes de un conflicto, hasta acabar en sermones dominicales o en arengas........