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Los hijos de Apolo

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06.04.2026
Los hijos de ApoloBarrio

Volver a la Luna no es solo un anhelo científico, también lo es emocional. Se lo dice alguien que nació entre los vuelos de Apolo 16 y 17, en las postrimerías del programa lunar estadounidense. Y aunque llevo una vida lamentándome por no haber disfrutado de la emoción de aquellos días, todas mis quejas han caducado esta semana. Es el milagro de Artemis 2. Y es que, aunque crecí sometido a los impactos que nos dejaron las primeras misiones tripuladas a la Luna, me quedó el sinsabor de no haberlas podido ver con mis propios ojos.

Mucho antes de la irrupción de los transbordadores espaciales o de los cohetes de Elon Musk, los juguetes, tebeos, series de televisión, música o cine de los setenta se llenaron de réplicas del Saturno V, el proyectil que elevó a dieciocho hombres hasta la Luna y que permitió que doce de ellos llegaran incluso a pisarla. Tuve que conformarme con eso y, acaso, con las reemisiones de la eterna cantinela de Jesús Hermida en Televisión Española. Lo único bueno de aquello fue que la cancelación de la Apolo 18 y el fin de la «carrera espacial» me pilló tan pequeño que me ahorró el bochorno de ver tirar a la basura los planes de «colonización» del satélite que, oh paradoja, en estos años han rescatado las administraciones Obama, Biden y Trump.

Lo que pasó a principios........

© La Razón