Cuando el fuego de la estupidez no puede ser contenido
Los políticos – siempre o casi siempre – usan su poder coyuntural de persuasión para justificar sus actos y ambiciones. De alguna u otra manera tuercen los contextos y venden narrativas inflacionadas. De ahí, la suprema importancia de ubicar a la historia en su debido lugar por su importancia y, sobre todo , por su memoria. Y si, además, recuperamos los hechos sucedidos con anterioridad con su debida precisión, habría una doble ganancia para la sociedad, para la cultura y para la, por supuesto, clase política.
La historia es un arsenal imperecedero de relatos y hechos que nos enseña cómo resolvieron los seres humanos sus impases más complejos y críticos como humanidad y nos revelan señales de cómo deberíamos evitarlas o, enfrentarlas.
De hecho somos porfiados y repetimos los errores y los descalabros uno detrás de otro. Como una rueda cuadrada a la que insistimos en hacerla girar, cuando todo indica que por sus puntas, dicha faena es baladí.
La guerra de Ucrania y las posteriores guerras que siguieron al 7 de octubre en Oriente Medio marcaron el final de un período excepcional de paz: más de 80 años arrojados por la borda por culpa de un conflicto bélico torpe con moho imperialista y........
