Las lógicas condiciones del regreso

No tiene ningún sentido que Don Juan Carlos viva en el extranjero, porque lo razonable es que lo haga en su patria. Su presencia debería ser algo normal, aunque se desplace al exterior cuando le convenga. Haga lo que haga nunca convencerá a los enemigos de España y su ordenamiento constitucional. El balance de su reinado es extraordinario en todos los sentidos y merece nuestro reconocimiento. Lo extraño sería que lo hicieran los comunistas, los populistas, los independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA. Nada podemos esperar de ellos salvo que mantengan en su hoja de ruta para destruir nuestra patria. Es una lástima que sean los socios y aliados de Sánchez. Es cierto que nada podemos recriminarle en lo que hace referencia al anterior jefe del Estado y ha impedido que se montara un circo en el Congreso de los Diputados como quería ese conjunto de formaciones antisistema. A veces escucho o leo comentarios que me producen asombro, ya que si fuera cierto le hubiera resultado muy fácil apoyar una comisión de investigación. Le podemos criticar por otras muchas cosas, pero no es acertado defender que ha querido ir en contra de la Corona. No creo que nadie me pueda superar en la dureza de las críticas que le he dedicado, aunque siempre he intentado que fueran respetuosas y fundamentadas.

Cuando se conocieron sus relaciones inadecuadas con una aventurera y pretenciosa arribista como Corina Larsen era lógico que estuviera mejor fuera de España. Era un autoexilio que preservaba la institución, que es lo más importante. Con la situación política que se vivía por culpa del auge de la izquierda radical hubiera sido un gran error. El tiempo ha puesto a todos en su lugar y al margen de sus errores personales, que ha pagado con creces, la desclasificación de los documentos del golpe de Estado del 23-F es un claro espaldarazo a su regreso. Hay dos aspectos que es necesario resolver y que dependen únicamente de él. El primero es encontrar una vivienda acorde a su posición y en la que se sienta cómodo. El otro es su residencia fiscal en el extranjero. No tiene ningún sentido esta situación, porque perjudica su imagen y reputación dando pábulo a críticas y especulaciones.

Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)


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