Manifiesto contra los abogados
Hay una profesión que oprime a la nación. La que se ejerce en los tribunales.
Nos ofrece justicia, pero solo nos da Derecho.
Resucita la Letra Muerta del Código en una Pascua kafkiana que al mismo tiempo es el Viernes Santo de los más desvalidos y de los pobres.
Todos los síes los relativiza con sus “siempre y cuando”. Es la religión del Libro de los que no saben leer pero están investidos del poder de inventar lo que dice, que siempre es distinto aunque no cambie nunca.
Como en la Edad Media, ha sido entregada a una cohorte de señores que viven principescamente de su usufructo.
Una sociedad tradicional les ha dado licencia para cometer villanías y rentar de eso. A cambio, deben admitir que en cada familia haya al menos uno de ellos y que entre sin reparos a la Orden, incluso si sus condiciones morales o intelectuales podrían convertirlo en un peligro para los demás.
Chistes de abogados (1): “¿Qué ocurre con la mosca que sigue derecho? Se convierte en jurisconsulta”.
No hay abogado que en el ascensor, en el café o con un teléfono en público no deba esconder y disimular lo que le dice a sus colegas, porque entre ellos suelen hablar de trampas, ignominias y perdiciones.
Incluso las universidades de Ingeniería tienen carreras de Derecho, pues pleitear es un negocio de miles de millones. ¿Quién no va a querer una tajada?
Chistes de abogados (2): “¿Cuál es la diferencia entre un buen abogado y un gran abogado? Un buen abogado conoce la ley. Un gran abogado conoce al juez”.
En Bolivia “conocer” se usa en el sentido bíblico: “cometer pecado juntos”.
Sigamos a los autos más caros y lujosos que circulan por la ciudad. Ocho de cada diez veces pertenecen a un abogado.
Construir una casa y venderla genera solo una fracción de lo que produce la defensa de un loteador.
Construir un camino o un puente o una represa presenta un evidente problema: en todos estos casos hay algo que debe ser entregado. Pero, ¿qué entregan los abogados? Reciben líos y entregan follones. Reciben molestias y entregan disturbios. Reciben un asesino y entregan una anulación de juicio. Reciben un inocente y entregan un reo.
Para un abogado, la distancia más corta entre dos puntos es el chenko.
Para un abogado, la mejor figura retórica es la anfibología.
Como niños pequeños, quieren cambiar las reglas del juego si van perdiendo.
“Claro que no todos los abogados son iguales, pero ¡cómo se parecen!”.
Para los abogados, la mayor expresión del conocimiento es que la gente les diga “doctores”.
No todos los políticos son abogados pero todos los abogados son políticos. He ahí una hipótesis explicativa de lo que ocurre.
Para un abogado, la Constitución es tornasolada; la ley, un estereograma; el juicio, un puzle que hay que no-resolver.
Invenciones de abogados bolivianos: el “quórum de testera”, por el que el pueblo no puede deliberar a través de sus representantes si un puñado de dirigentes parlamentarios no lo permite. El derecho humano a la reelección indefinida, seguido de la prohibición de la reelección discontinua, seguida de pueden reelegirse los que no consiguieron sus mandatos bajo la actual Constitución, seguido de… También han patentado las salas y el tribunal constitucionales, que tienen las mismas propiedades físicas de los “slimes”, es decir, son líquidos y sólidos a la vez.
—Señor abogado, aquí Dios.
—Dios, ¿bajo qué jurisdicción?
—Sin un certificado que compruebe su divinidad, ¿qué podría hacer?
¿No hay abogados que estén exonerados de este “Manifiesto contra las abogados”, es decir, que sean abogados de bien? Sí, claro, los hay. Los que son mis amigos y los que estén pensando en enjuiciarme por haber publicado este artículo.
