Feijóo no es Rajoy ni Kitchen es Mascarillas |
Para variar, fue el gubernamental El País el encargado de poner la primera piedra de una goebbelsiana campaña concebida para poner al mismo nivel la Operación Kitchen y un caso mascarillas que bien podría denominarse caso Sánchez capítulo 1. Lo que trataban, en resumidas y perogrullescas cuentas, era instalar en el imaginario colectivo la sensación de que el PP de Feijóo es igual de corrupto que el PSOE sanchista. La vergonzosa y no menos vergonzante farsa fue secundada inmediatamente por la cadena Ser y los calumniadores de Julio Iglesias, eldiario de PreEscolar naturalmente. Otro que se sumó entusiásticamente a la burda manipulación de comparar lo incomparable fue ese Javierito Ruiz íntimo del malo-malísimo comisario Villarejo. Pero olvidaron varias cuestiones esenciales. La primera de orden cuantitativo: el importe malversado con las mascarillas por Ábalos, Koldo, Aldama y cía es de 52 millones de euros mientras que en Kitchen el Ministerio del Interior de Rajoy untó al chófer de Luis Bárcenas con 48.000 euros provenientes de los fondos reservados. La diferencia monetaria entre un escándalo y otro es, si no me fallan las cuentas, de 51.952.000 euros. Primer, y no precisamente pequeño, matiz. Si pasamos a la parte cualitativa deducimos que en la corrupción también hay clases. La primera de estas mangancias, publicada en primicia por Okdiario, se perpetró en el transcurso de ese 2013 en el que Rajoy vivió al borde del abismo tras destaparse los sobresueldos y la financiación en B del PP. Y don Mariano dejó de ser presidente hace ocho años. El episodio de las mascarillas se desarrolló anteayer como diría aquél, en 2020 y 2021, durante un sanchisno que a día de hoy continúa gobernando España. Sus protagonistas aprovecharon la pesadilla que vivíamos todos para forrarse como unos campeones. Mientras morían 1.000 personas diarias, ellos ingresaban cientos de miles de euros cada 24 horas con cubrebocas endosados a un sinfín de gobiernos socialistas y que en muchos casos no se utilizaron por carecer de homologación. Vamos, que el dinero público se tiró a la basura. Matizo, lo que se tiró a la basura fueron las mascarillas porque el parné acabó en la butxaca de esta panda de golfos y vaya usted a saber de quién más. Los nietos de Goebbels pretenden, además, que parezca que Feijóo es igual éticamente que Sánchez. De risa. No se conoce un solo caso de corrupción que afecte personalmente al presidente del PP o a alguno de los suyos. Ni ahora en Génova 13 ni en los 12 años largos que tuvo su despacho en el Palacio de Rajoy, cuartel general de la Xunta. La antítesis de un Pedro Sánchez cuya mujer, Begoñísima, está pentaimputada, y cuyo hermano David se va a sentar en el banquillo por prevaricación y tráfico de influencias. La esposa del popular es una fuera de serie que fundó Zara Home, ahí es nada, y su única hermana, Micaela, es una altísima directiva de Eulen. Ni han estado ni jamás se las esperó en la Administración. Por no hablar del elemental hecho de que los tres principales colaboradores del todavía inquilino de Moncloa, Ábalos, Cerdán y Koldo, tienen o han tenido su domicilio en el hotel rejas. Los goebbelsianos ya ni recurren a la engañosa foto con Marcial Dorado porque saben que en cualquier momento puede aparecer un involuntario selfie de Sánchez con un narcotraficante, un pederasta o un asesino en serie. Como le puede ocurrir a cualquier persona mínimamente conocida. El gozo de esta gentuza ha terminado en el fondo del pozo en tiempo récord porque, mientras las mascarillas son el monotema 24/7, ni dios habla de Kitchen.